Un puf junto al escritorio. Bankman-Fried dormía en uno así en la misma oficina, y a los periodistas les encantaba el detalle.
Sam Bankman-Fried, de treinta años, andaba con shorts arrugados y camiseta, dormía en un puf junto a su escritorio y no se peinaba la mata de rulos. Los periodistas adoraban esos detalles. En 2022 su fortuna se estimaba en más de veinte mil millones de dólares, su exchange FTX pasaba por el más confiable del sector, y él mismo viajaba a Washington a explicarles a los congresistas cómo había que regular las criptomonedas. Era hijo de dos profesores de derecho de Stanford, se había recibido de físico en el MIT y durante algunos años había operado en Wall Street en la firma Jane Street, una de las más inteligentes y herméticas del mundo.
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