Tim May dejó Intel a los treinta y cuatro años, con unas opciones sobre acciones que le alcanzaron para no volver a ir a trabajar nunca. El físico, que se había hecho famoso al explicar por qué las partículas alfa de los encapsulados de los microchips dañaban la memoria de las computadoras, se encontró con mucho tiempo libre, y en 1988 escribió un texto titulado “Manifiesto criptoanarquista”. Empezaba con una reelaboración de la primera línea de Marx: “Un fantasma recorre el mundo moderno, el fantasma de la criptoanarquía”. Luego May explicaba que el cifrado pronto permitiría a la gente comunicarse y comerciar de forma anónima, de modo que ningún Estado sabría quién se había puesto de acuerdo con quién ni sobre qué. Resultaría, escribía, “un mercado líquido para todo lo que pueda expresarse en palabras e imágenes”.