El primer mensaje siempre parece un error: “Hola, ¿eres Liza?”. Al cerdo lo engordan durante meses.
El mensaje llega de un número desconocido y parece un error. “Hola, ¿eres Liza? Habíamos quedado en vernos el sábado”. Usted contesta con amabilidad que se equivocaron de número. Del otro lado se disculpan, hacen una broma simpática, mandan la foto de una chica linda con el mar de fondo o de un hombre exitoso junto a un auto caro, y a la semana ya se escriben todos los días. Le cuentan de un trabajo aburrido, de la mamá, del perro. Al mes, como quien no quiere la cosa, le cuentan de un tío que gana dinero con criptomonedas y de una plataforma donde se puede probar con una suma chica. Los primeros cien dólares crecen, e incluso le dejan retirarlos. Los segundos ya los invierte usted solo. Cuando transfiere todo lo que tiene e intenta sacarlo, resulta que hay que pagar un impuesto. Después una comisión. Después del otro lado dejan de contestar.
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La matanza del cerdo — Nadie tiene dinero | Mike Fluff