Waves vivió varias vidas: plataforma de tokens, exchange, DeFi, blockchains privadas para el Estado.
El físico Aleksandr Ivanov, a quien toda la industria llamaría después Sasha, llegó temprano a las cripto, cuando en Rusia todavía se les decía dinero electrónico. Sobre la blockchain de NXT construyó el servicio Coinomat, donde se podía cambiar una criptomoneda por otra directamente, sin pasar por bitcoin. En 2016 anunció su propia plataforma, Waves, en la que cualquiera podría emitir un token en un minuto, y vendió sus monedas. Los compradores le transfirieron unos treinta mil bitcoins, aproximadamente US$ 16 millones. Para la época era una de las ICO más grandes del mundo y la más grande de Rusia. Un año después sumas así serían lo normal, pero en 2016 miraban a Ivanov como a un hombre que había encontrado dónde estaba el dinero.
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