Vitalik Buterin en TechCrunch Disrupt en Londres, diciembre de 2015. La red Ethereum llevaba cinco meses. Fuente: John Phillips, CC BY 2.0
Si el bitcoin fue un dinero inventado por un dios anónimo que después desapareció, la segunda criptomoneda más grande del mundo tuvo cara desde el principio, y esa cara la conoce cualquiera que haya abierto alguna vez las noticias cripto. Flaca, juvenil, de ojos atentos, sobre una camiseta con un unicornio o un gato. Un muchacho que a los diecinueve años escribió un whitepaper y a los treinta ya era multimillonario, y que aun así seguía subiendo al escenario con las mismas camisetas y hablaba de criptografía con el entusiasmo con que otros hablan de fútbol.
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Las lágrimas del brujo — Nadie tiene dinero | Mike Fluff