Nadie sabía bien quién era el dueño de BTC-e, pero sus servidores eran muy reales. En el verano de 2017 los incautaron, con el dinero de los clientes adentro.
En 2011 apareció en internet otro exchange más, BTC-e. Hablaba ruso e inglés, aceptaba rublos, dólares y casi cualquier tipo de dinero electrónico, y casi no les preguntaba nada a sus clientes. Para registrarse no hacía falta pasaporte. Quién era el dueño del exchange, dónde estaba registrado y quién estaba detrás de la caja, nadie lo sabía bien, y para muchos clientes justamente en eso consistía su principal atractivo.
Para el trader rusohablante de principios de la década de 2010, BTC-e era lo mismo que Mt.Gox para el estadounidense, y le sobrevivió tres años. Siguió funcionando hasta que vinieron a buscarlo.
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Diecisiete gramos — Nadie tiene dinero | Mike Fluff