Cifrar archivos ajenos ya se sabía en los ochenta. Lo difícil era cobrar por la clave sin que te agarraran, y esa parte del trabajo se la quedó bitcoin.
La extorsión informática se inventó mucho antes que bitcoin, y su principal problema siempre fue el último paso. Cifrar archivos ajenos ya se sabía hacer en los años ochenta. Cobrar por la clave y no caer era bastante más difícil. Una transferencia bancaria se rastrea y se revierte, un pago con tarjeta se impugna, y a buscar un fajo de billetes en un lugar acordado hay que ir en persona. A la víctima le proponían pagar con dinero electrónico como e-gold o Liberty Reserve, y a veces con tarjetas prepagas, y todo ese esquema era lento, poco confiable y terminaba dependiendo de personas de carne y hueso a las que tarde o temprano encontraban.
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