Un exchange hecho de sus propias fichas
Bankman-Fried abrió FTX en 2019 y emitió en ella el token FTT. Quienes lo tenían obtenían descuentos en las comisiones, y el exchange prometía recomprar y quemar parte de los tokens con sus ganancias. La mayor parte de los FTT era del propio Bankman-Fried, de FTX y de su firma de trading, Alameda Research. En el mercado se negociaba una porción delgada, cuyo precio era fácil de sostener, y después ese precio se multiplicaba por todo el resto, lo que daba miles de millones. En el libro lo comparo con las fichas de un casino que las imprime él mismo (capítulo “La caja”).
En abril de 2022, en un pódcast de Bloomberg, Bankman-Fried le explicó a Matt Levine el yield farming con una caja que no hace nada y cuyo token sube solo porque dentro hay mucho dinero. Levine respondió que sonaba a “estoy en el negocio de las pirámides” (mismo capítulo). Puede ver cómo funciona esa caja en el experimento “Monte la caja”.
Una semana de noviembre de 2022
El 2 de noviembre el periodista Ian Allison publicó en CoinDesk el balance de Alameda. De 14.500 millones de dólares en activos, la partida más grande eran FTT por 3.660 millones, y más de 2.000 millones eran FTT entregados en garantía (mismo capítulo). El 6 de noviembre Changpeng Zhao, director de Binance, escribió que Binance vendía todos sus FTT. En tres días los clientes de FTX retiraron unos 6.000 millones de dólares, cuando en un día normal retiraban decenas de millones. El 8 de noviembre el exchange detuvo los retiros, y el 11 de noviembre FTX y unas 130 empresas vinculadas se declararon en quiebra (mismo capítulo).
Ese verano Bankman-Fried había parecido el salvador del sector, prestando a las empresas golpeadas por la caída de Terra. El prestamista BlockFi se salvó gracias a una línea de crédito de FTX y, cuando FTX cayó, también se declaró en quiebra, con más de cien mil acreedores (capítulo “No discuto con pobres”).
Adónde fue el dinero de los clientes
La quiebra quedó a cargo de John Ray III, que veinte años antes había ordenado los restos de Enron. A la semana escribió al tribunal que nunca en su carrera había visto un fracaso tan completo de los controles corporativos: ni lista de empleados, ni contabilidad seria, gastos aprobados con emojis en un chat (mismo capítulo). En el juicio, el cofundador de FTX Gary Wang contó que, en el código del exchange, la cuenta de Alameda tenía una bandera especial que le permitía quedar en negativo, con una línea de crédito de 65.000 millones de dólares. Había de dónde tomar prestado, porque en el exchange estaba el dinero de todos los demás clientes (mismo capítulo).
El 2 de noviembre de 2023 un jurado declaró a Bankman-Fried culpable de los siete cargos, y en marzo de 2024 lo condenaron a 25 años. El tribunal estableció que los clientes perdieron 8.000 millones de dólares (mismo capítulo).
Por qué el 119% fue menos de lo que parece
El equipo de Ray vendió lo que quedaba del imperio, y alcanzó para pagar a los clientes el 119 por ciento de sus reclamos. Pero los reclamos se calcularon en dólares a precios de noviembre de 2022, cuando el bitcoin valía unos 16.000. Un cliente con un bitcoin en FTX recibió unos 20.000 dólares, aunque para el momento de los pagos el bitcoin valía más de 80.000 (mismo capítulo). Parte del dinero salió de la participación en Anthropic, donde Alameda había puesto 500 millones en 2021: en 2024 se vendió por unos 1.300 millones (mismo capítulo). A los clientes de un exchange cripto les pagó, en parte, la apuesta menos cripto de su fundador.
