Experimentos · Nadie tiene dinero · Capítulo 3
Qué es blockchain, en la práctica: un doble gasto contra la cadena más larga
Todo se calcula en tu navegador; no se envía nada.
Sobre este experimento
El 31 de octubre de 2008 Satoshi Nakamoto envió a una lista de criptógrafos un texto de nueve páginas. Casi nada en él era nuevo: la prueba de trabajo venía del Hashcash de Adam Back, la idea de un dinero que lleva toda la red, del b-money de Wei Dai. Lo nuevo era la manera de juntar esas piezas para que desconocidos que no se fían unos de otros se pongan de acuerdo en qué versión del registro común es la buena.
Todos los participantes guardan el mismo libro de pagos. Los pagos nuevos se agrupan en un bloque, y para pegarlo al libro hay que resolver un problema de cálculo. Cada bloque apunta al anterior, y la red elige la cadena en la que se ha gastado más trabajo. Para gastar la misma moneda dos veces, el tramposo tendría que rehacer todos los bloques posteriores a su pago más rápido que el resto de la red.
Abajo, el vendedor espera unos bloques encima del pago mientras el tramposo construye a escondidas su propia cadena, en la que las monedas nunca salieron de él. La cifra bajo los controles sale de la fórmula de la sección 11 del whitepaper; el botón juega la carrera bloque a bloque.
Quién fue Satoshi sigue sin saberse. En diciembre de 2010 dejó su último mensaje en el foro y, después de la primavera de 2011, desapareció. En 2014 Newsweek señaló a Dorian Satoshi Nakamoto, que lo negó. En marzo de 2024 el Tribunal Superior de Inglaterra resolvió que Craig Wright no era Satoshi. Un documental de HBO, en octubre de 2024, señaló a Peter Todd, que lo llamó una tontería. Cerca de un millón de bitcoins atribuidos a Satoshi no se han movido desde entonces.
Del libro
Nadie tiene dinero · Capítulo 3
El dios ocioso
Para reescribir la historia y gastar una moneda dos veces, un tramposo tendría que recalcular todos los bloques posteriores a su pago más rápido de lo que los calcula todo el resto de la red, es decir, tener más potencia de cómputo que todos los participantes honestos juntos. El contador central dejaba de ser necesario. Lo reemplazaba una multitud de desconocidos, cada uno de los cuales quemaba electricidad a cambio del premio y con eso protegía el registro de todos los demás.
Según las reglas, no podían existir más de veintiún millones de monedas. El premio por bloque empezaba en cincuenta y cada cuatro años se reducía a la mitad. Ningún banco central podía imprimir de más.